Que me lleven

 

Que me lleven a tierra caliente,

allí donde el sol pose sus alas

-en la mañana-, sobre mi polvo herido.

 

Que revolotee antes de cubrirme

con la cálida luz del naciente

hasta hacerme danzar en la llamarada

 

de la vida -galope en el pecho-.

Que me lleven, sí, lejos del frío,

lejos de la niebla y la opacidad,

 

para escuchar el primer rumor,

el canto telúrico, ancestral,

que olvidado pervive en la primigenia

 

piel que emergió con la marea de un vientre

de mujer, que engendró cuanto he sido.

 

                                                             Ana Déniz

 

 

 

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