HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

 

 

Aún nos toca el corazón el rayo                            

que no cesa, y nos descubre en el pecho                         

la brecha de tu ausencia, que es la misma               

ausencia que dejaron otros muchos.                        

 

 

El viento del pueblo trae en sus alas

fuego y  llanto, y cuando con fuerza alza

el puño de la solidaridad

desbroza en nuestro verso la esperanza.

 

 

Y aún tus tres heridas nos sublevan,

la de la vida: sangre en la palabra;

la del amor: la libertad del beso;

la de la muerte: la acallada voz.

 

 

Todos somos rama del mismo árbol,

hijos del sol y de un vientre de barro.

Somos la misma leña cuando ardemos,

única llama que por la paz clama.

 

 

Ana Déniz / 2010

Nuestro Roque Nublo en un atardecer

RoqueNublo

LA TARDE…(POEMA)

 

La tarde rumia el deforme canto de las olas,

La tarde es lentitud que conforma una bóveda celeste

Donde el girar y girar  del último vuelo de una gaviota

Se embellece  con la última danza de los enamorados

Que de roque en roque

Lanzan sus gritos resonantes en labios que se acarician.

La tarde,

Poblada de sueños que se ofuscan por las praderas

Donde mi llamada se hace ausente

Como cometas blancas rotas al son de la melancolía.

Dos árboles hacen sombra, son puentes del vacío,

De la nada que arrastra mis manos envejecidas.

Dos árboles… que con sus miradas lánguidas

Barruntan la desnutrición de un sol

Que con su gemido desnudo

No es capaz de abarcar

Todos esos cuerpos azotados, despedazados por un hambre.

Insonorizados por la fuerza feroz de un viento abocado al desprendimiento

De rocas para sus fosas anónimas.

La tarde rumia el deforme canto de las olas,

Galopa en el divagar de un corazón que adolece

Al unísono de la madre naturaleza es campo marmóreo

En que el agrietar de las alas libres

Son lágrimas frente a un espejo

Cuya tierra baila en soledad, soledad.

                                                            Dunia Sánchez

Anturio

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Un poema que nos remite Paco Ramos

Párate y vive  

 

 

Acaricia suavemente  la mañana

Y verás como te sonríe el día

Pon freno

 

Párate y vive   

 

Suavemente  disfrutando cada instante

Inhalando poquito a poco la existencia

Observando cada flor y cada llama

Cada gota derramada del crisol de nuestros días

Y refresca con silencio tus oídos

Y llénalos de cadenciosas olas

De correosas brisas  bajo los árboles

Siente y disfruta del sutil vuelo de la mariposa

De la sonrisa inocente  y del beso tierno

 

Párate  

 

Yace en paz sobre la tierra 

Mira al cielo y sonríele a la nube

A aquella blanca y viajera que galopa  con mil formas

A la sempiterna  azul de los cuadros

Déjate cubrir por la triste gris del invierno

Y ya abiertos los sentidos

-Y por un momento-  gota  a gota

 Nebulízate

Con el hermoso llanto de la vida

 

Vive

 

Sin prisas atesorando momentos

Paseos y abrazos colores y formas

Sube la montaña y húndete en el firmamento

Y sé tierra feraz      y fresco sol

Y sé noche amiga     y  mar salvaje

Y sé grandioso insecto  y  fiera dormida    

Y hazte llevar -cual brizna de la hoja-

Hasta descansar entreverado con la tierra

En la mullida sombra del árbol de la vida

 

Pisa suave aunque el sendero sea abrupto

Y no molestes al mundo con tu paso

         

                                               Paco Ramos 09-2008

Brotes

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NOCHE TEMPRANA

 

Era una noche temprana.             

En vertical caía

“el milagro de la vida”.

Al mirar a ambos lados

descubrí la soledad

del espejo en las baldosas.

La perla plena del cielo

oculta tras un gris manto.

Sólo unos cuantos contemplan

-guarecidos bajo toldos-

la lluvia que desdibuja

en zigzag los colorines,

de los rótulos brillantes.

Alguien grita y mientras corre

juega, otros esquivan charcos.

Poco a poco las miradas

van quedando ensimismadas,

vuelan libres los deseos

que levantan y salpican

la esperanza conquistada.

Luego los pasos despiertan

al silencio que ha crecido

esperando la tormenta

que anunciaban inminente.

 

                                    Ana Déniz

 

De la amiga Mari Carmen Martín

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Rosa y cielo

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“Padre Nuestro”

 Y me dijo el buen hombre: reza un Padre Nuestro;
y yo que había olvidado, recé:
Padre Nuestro ven a nosotros,
alivia el padecer que nos aflige,
funde las luces y sombras que nos cobijan
para que sane la alegría
que cabalga en nuestras venas
y vuelvan las sonrisas a revolotear;
y así se haga tu voluntad
cuando en la renuncia nos encuentres.
Amén.

Ana Déniz

Los dados

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Dados

Tengo un dado en cada mano: me juego la vida,           

dos probabilidades de doce, diez en contra.

No es de carmín la loza, ni de olorosos pétalos,             

es fría piedra, frío el muro, fría esperanza

si no ha de llegar. Avivo el hueco de las manos,

le susurro a los inertes cubos un deseo

al arrojarlos: la suerte está echada, los tramos

de vida también. Las dudas en el paladar

por unos instantes desdibujan las palabras.

Sobre la piedra lisa los dados, dos figuras

que me observan como dos ojos en la distancia:

son rojos, son ases ganadores, son futuro.

                                                                       Ana Déniz

 

            

Peldaños

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Seísmo

 

Tienes Tierra     

En tus entrañas

De azufre y lava

 Tú alma

 Y a veces pierdes

 La  calma

De las formas más

 Extrañas

Muestras  tu rabia

 Y te ensañas

Haciendo

 Temblar tú nombre

Dejas que el mundo

 Se asombre

De tu natural

Grandeza

La Tierra  es

 Naturaleza

Y el hombre        

Sólo es           el hombre

 

                                                      Paco Ramos

 

 

Sueño de un volcán

 

Mi isla tuvo que ser el sueño de un volcán,        
del Teide seguramente -¿de quién si no?-,   
para poder contemplarnos desde muy cerca, desde muy alto.  
Tres cuervos cruzan reiteradamente nuestras    
miradas, son negros como una noche alada,        
sobrevuelan entre pinos mientras la luz  se balancea       
en agujas tornasoladas que encandilan.              
Sueño pétreo -onírico paisaje- que trae    
a la conciencia gigantescas y oscuras siluetas plenas      
de asombro a pesar de la cotidianeidad:                             
distinta visión de un entorno inamovible.                         
Embriaga los oídos esta melodía  tantas veces           
deleitada del “Concierto de Aranjuez”.                      
En esta versión, un piano y una guitarra                          
se desgarran, abrazan  como amantes que enfebrecidos      
quieren arder en el instante de un acorde.                           
Vuelvo a mirar cuanto me ampara y rodea,                      
vuelvo a pasear por viejas veredas                        
vacías de tiempo y calor de antaño.    

                                                                                  Ana Déniz

A LOS POETAS, A LOS LECTORES, A LOS QUE DESCUBREN ESTE BLOG Y DECIDEN SEGUIR ENTRANDO: GRACIAS.


No me canso de contemplar mi isla y la de enfrente.

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Vuélvete

 

Vuélvete, sí, hacia mi.

Seamos esa frontera invisible

Donde nuestras manos pasan y pasan

En la caricia sublime.

Seamos árbol que en su canción de amor

Permite cambiar el destino de la extinción

De nuestros labios en una llamada

A la atmósfera que luego nos acogerá.

No reservemos más el abrazo

Para ese horizonte que no nos respira

Y aunque no pare de llover cenizas

Por nuestra pasión que el coraje

Nos emborrache en una fuga 

Por cumbres nevadas de magarzas.

Vuélvete, sí, hacia mi.

El desierto impera con su profundo pesar,

Con su lamento mirándonos fijamente,

Con su constante ventolera de mares marchitos

Al son de los aromas de los caídos en la distancia,

Inyectándonos no se que sombra de borrascas

Que nos inducirá a la muerte del deseo,

A la languidez de la esperanza,

A la ruptura de la libertad en su alianza con los sueños.

 

                                                                         Dunia Sánchez

Foto tomada en Itálica. La escultura representa al Emperador Trajado

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Respirar en esta mañana

Respirar en esta mañana, los verdes     

recién amanecidos, dejarse                     

envolver por el silencio de las nubes     

tormentosas, aún sin quejumbrar.

Y el acebuche en su quietud a la espera.        

Y el cañaveral en el barranco                              

resistiendo como la luz en la noche.                    

Las palmeras en el lienzo del paisaje                 

con el fruto maduro exhibido.                           

El rocío en el trébol: blanco, brillante.             

¡Ay del rojo intenso de la buganvilla!,            

aún más intenso cuando crece el clareo.

Y yo que regreso del sueño, voy hacia la vida.

 

 

                                                                 Ana Déniz

 

Umbral

 

En las fuentes del pasado

Hay ecos de  aquellos trinos

Y de cada invierno  andado

Quedan barros del  camino

De esos bellos manantiales

A sorbos beben  mis sueños

Y en cada trago me empeño

En traspasar los umbrales

 

        portón infranqueable

Que el puntual regreso vetas

Son mis recuerdos tus grietas

Por las que volver es viable

Como polvo como  harija

De mis molidos lamentos

Empujado por el viento

Me cuelo por tus rendijas

 

Me hago lágrima y silencio

Monto en alas de la brisa

Y en busca de tu  sonrisa

Vuelvo a mi pasado recio

Recio  voy para flor vieja

Ya sin pétalos ni aroma

Si tú primavera asoma

Me rondarán las abejas

 

 

 

 

                                                            Paco Ramos

La puerta que tendremos que abrir para pasar al próximo año. Nos falta una llave.

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MUJER MIRANDO AL CIELO

 

 

Una mujer mirando al cielo puede

causar un cataclismo inesperado,

hacer girar la tierra en direcciones

contrarias a la física más obvia,

siempre que en el mirar se fortalezca

el cauce loco de un torrente ciego,

 el cielo esté dispuesto a la aventura

y no ponga pretextos ni barreras

a ese momento de la entrega henchida.

 

Una mujer mirando al cielo puede

hacer que condiciones necesarias

se den en el instante apetecido

y choquen cicatrices con orugas

dando paso al diluvio deseado,

siempre que en ese instante una paloma,

o en su defecto un pájaro aterido,

cruce con su mensaje la distancia

que va del corazón a la deriva.

 

Una mujer mirando al cielo puede

dar esperanza al moribundo y luego

pugnar con su dolor y amortizarlo

hasta que el movimiento coja altura

y vuelvan a crecer los girasoles

y fértiles las piernas resuciten,

siempre que en algún sitio una sonrisa

prenda la mecha de los marginados

y empiece la pirámide a sentirse

derrotada sin base y sin cobijo.

 

Una mujer mirando al cielo puede

forzar al ángel ruin a la renuncia,

hacer que un imposible niño crezca,

pactar con una nube solidaria,

abrir puertas que andaban oxidadas.

 

Para eso es necesario, imprescindible,

dar paso a la ternura y devolverle

a cada cual lo que al venir al mundo

corresponde llevar en la mochila:

a la risa el sentido de la risa,

al llanto lo que debe ser el llanto,

al abrazo su eterna geometría,

al corazón la sangre que no tiene.

 

Dadas las condiciones necesarias

una mujer mirando al cielo puede.

 

                                                         Pepe Junco

CHRISTMAS CARD

 

Como quiera que el año se desangra

y la nieve por fin lo abarca todo

paso páginas grises y me animo,

no sin dificultad, a ser más bueno

el año que a hurtadillas se aproxima.

 

Quiero dejar atrás y para siempre

esta cara mortuoria que me encuentro

cada mañana en un espejo roto.

Quitarle trascendencia y dramatismo

poniéndole en los ojos un anuncio:

este de aquí se muda a la alegría.

 

Dejar que los pesares se suiciden

en la niebla más densa del olvido

y ponga el sol ribetes de sonrisa

a esta boca que nunca se termina,

a este murmullo de palomas rotas,

a esta desalación que el gesto lleva.

 

Partir así de nuevo a la ternura

sin otra tentación que ser dichoso

perdido en el perfume de las flores,

durmiéndome en tus pechos entregados,

dándole marcha al cuerpo dibujando

figuras imposibles en el viento.

 

Vivir con lo preciso y esmerarme

en conseguir pese a la edad que tengo

una renovación de carne y huesos,

una oxigenación de los rincones

atorados que llevo en las arterias,

la redención final, definitiva

de penas y pecados cometidos.

 

Con esa voluntad salgo a la calle,

no felicito más porque no puedo,

renuevo mi vestuario y mi sonrisa,

marco un ritmo de joven liberado

y entono una canción de despedida.

 

Pero después, apenas un instante,

me llegan, sabe Dios de qué lugares,

tanto dolor y tanta pesadumbre

que cambio posición y ensimismado

vuelvo a rumiar mis viejas maldiciones

como si el año no acabara nunca.

 

                                                            Pepe Junco

Alegría, alegría, alegría…

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Jugando con un trompo y un soldadito de plomo de 2 cm. de alto

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Que me lleven

 

Que me lleven a tierra caliente,

allí donde el sol pose sus alas

-en la mañana-, sobre mi polvo herido.

 

Que revolotee antes de cubrirme

con la cálida luz del naciente

hasta hacerme danzar en la llamarada

 

de la vida -galope en el pecho-.

Que me lleven, sí, lejos del frío,

lejos de la niebla y la opacidad,

 

para escuchar el primer rumor,

el canto telúrico, ancestral,

que olvidado pervive en la primigenia

 

piel que emergió con la marea de un vientre

de mujer, que engendró cuanto he sido.

 

                                                             Ana Déniz

 

 

 

Preparativos para la fiesta de la Virgen de los Reyes (El Hierro)

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Una mujer bajo lluvia

 

Quieta en la acera, sola y con paraguas, 
una mujer aguarda.                  
La atmósfera invernal.             
La lluvia tamizada,                        
hace estremecer la densa mañana,      
en su desmaquillada                   
piel, lienzo virginal                       
para un novel pintor.                    
Un impulso, como un salto de agua,   
moviliza sus pasos.                                    
Soterrados los ojos,                                      
ocultan la mirada.                                     
La mujer con paraguas, sin destino,    
perdida en la espiral de un vago sueño,       
siente vibrar su cuerpo,                            
llama bajo un diluvio.                                 

                                                 Ana Déniz

Hortensia (detalle)

hortensiarosa

Este poema formó parte de un momento de debilidad (no preocuparse)

 

Permíteme aunque te incomode  

llenar de lágrimas tu hombro.     

Déjame ocultar el semblante       

que hoy viste su luz más triste.   

 

No viene cargado de polvo,

llega inmaculado a buscarme,

ave de luz en el ocaso:

tiempo que no va, sino viene.

 

 

Cuando la duda se desvele

cuando la certeza se curta

mientras crece la oscura luna

bajo mis ojos, que ya ahogados

 

 

buscan la esperanza en el sueño,

y en el mar persiguen la barca

que no logro alcanzar a nado.

 

 

                                                Ana Déniz

Este es un poema que llevaba tiempo olvidado.

 

Querías borrarme del paisaje,
desdibujarme de la memoria.
Ya ves,
al final son versos
que al caer como rocío
en los pétalos cálidos,
los que hablan por mí.
Ya ves,
a ti el ansia, ciega y dispersa,
a mí la quietud, cobija y encuentra.

                                                                                         Ana Déniz

La naranja se pudre

naranja

EN LA LEJANÍA

En la lejanía

Se vislumbran  sueños de esperanza

Donde el ser vuele y vuele

En libertad.

 

 

 

Cuentan que más allá de estas tierras donde el sol quiebra a las piedras que gritan existía una duna donde todos los sueños se cobijaban. Allí, en aquel lugar iban a parar todos aquellos que querían borrar de sus mentes el sufrimiento, el castigo de nacer niño en unos países rodeados de buitres. Dicha luna estaba vigilada por un cuervo y rodeada cuando la luna nacía por una charca de peces de multicolor. Cada pez había sido un chaval cargando un fardo de ramas, cada pez había sido un pibe apuntando un fusil y así sucesivamente. De todas partes del mundo había peces, almas que  habían huido con su vida por los andrajosos caminos de este mundo guiados por la plateada hasta llegar a la duna. Todos los corazones dañados con sus pies desnudos subían a la duna y desde ahí divisaban el mundo que había quedado en su inocencia muerta. Entonces se despojaban de sus fardos, de sus fusiles, de sus piedras preciosas, de su azada, etc… y se lanzaban a la charca para nacer de nuevo sin esos cuchillos de sangre tras sus espaldas con el hechizo de ser una nueva alma en las sendas de la libertad, de la paz, la esperanza, el respecto.

 

                                                                                                                               Dunia Sánchez

                                          

Bentayga (Gran Canaria)

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DEJÉMOSLA VIVIR

 

Dejémosla vivir en la callada luna,   
con sus ciclos y brillos con las sombras a cuesta,
con el alba dormida con los copos de fuego.

Que recorra senderos soñolientos destinos,
que perciba el temblor de la mano del tiempo,
que cristalizar puedan los nocturnos silencios.

Si al beso despereza repicando en su pecho,
florecida la voz en el aire sorprenda,
que de penas y lutos despoblado esté el vientre.

Palabra tras palabra retoñe el universo,
enjambre de misterios en el cuenco del verso.
Que las frases desvistan el sudor y la fiebre,
que el dolor se detenga que la vida no ceda.

                                                                                      Ana Déniz

Veroles

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Sobrevolar la ciudad

Sobrevolar la ciudad   

ver desde lo alto, la cascada de buganvilla 

fucsia extenderse sobre la grama verde

y húmeda, que huele a todas las hierbas jóvenes.

Volar en la libélula metálica que diviso a lo lejos

para que me transporte más allá del latido.

Mirar desde la altura el corazón del dolor

de esta urbe en donde se suma uno con dos y más…

donde el canto de sirena es oportunidad

es puerto al que ansiar llegar sin desear

permanecer. Se pavonean las plumas verdes

de los flamboyanes que expresionan la mirada

que se abandona cuando llega al azul del mar

uniéndose a las olas que rompen níveas,

que vienen y vuelven al encuentro de la orilla.

Me aproximo al helipuerto, alguien me alerta:

¡Stop! -paso prohibido- ¿pensará qué voy

a abandonar la crisálida y alzaré el vuelo?

A pesar de la sorpresa sonrío, sonrío…

mientras aletea por la mente este poema.

 

 

                                                                                                                                    Ana Déniz

Se deslizaba la humedad

 

Se deslizaba la humedad por el campo,  
el sol de la tarde incendió la pared,
vi bosquejarse en el reverso de la retina
el atardecer que no consiguió alegrar las pupilas,
al quedar oculto el astro en el fondo del callejón.
Como un sueño inyectado en sangre lo sentí
recorrer las venas frías y azules de la vida
que fluye, y en su inercia se abandona y avanza,
mientras una pareja besan sus primaverales
labios que se impregnan de aroma jazminero
que desprende el embaucador jazmín,
conocedor del alcance del fluir de sus esencias,
mientras la brisa en su solitario juego
va depositando gotas del caído relente en su flor.

                                                                                                      Ana Déniz

Tumba de César Vallejo

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POR QUÉ PARÍS (A CÉSAR VALLEJO)

 

 ¿Por qué elegir París para morirte?

¿Es que acaso París tiene licencia

Para enterrarte, César, y omitirte

Con tus dolores, con tus disidencias?

 

César, regresa: prueba a redimirte

Más allá de tus versos y dolencias:

Que no vuelva París a desoírte

Con su testimonial benevolencia.

 

No sé nada de ti, salvo tu ausencia;

Nada sé de tu canto,  tu alegría,

Si es que gozó tu vida esa insolencia;

 

Si existe Dios, apela a su ironía:

Vuelve, César, y dame tu anuencia

Para desenterrar la poesía.

 

                                                                                Pablo Cabrera

Roque Nublo (Gran Canaria) - Atardecer

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HAY EN TU PIEL…

 

Hay en tu piel un continente dibujado:
con sus ríos, lagunas, cuencas,
con los campos arados, el trigo maduro, níveo.
El tiempo que se erosiona
en las cimas -trovador en los abismos-
narra fósiles historias,
épicos poemas salpicados de ternura.
No logro adentrarme
en el mar de tus palabras,
que viven silenciadas junto a  varados
versos, que quedaron
esperando la aurora, en la orilla de la boca.

                                                                                                       Ana Déniz

Clavijas

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La última ola de la tarde

La última ola de la tarde arrastró                  
el verano a la profundidad del océano.             
Hoy el día es del otoño y la lluvia.                    
No soy caperucita
ni el lobo me asaltará en el camino          
en esta tarde tormentosa,                    
a pesar de mi chubasquero rojo.              
El dedo índice hace de parabrisas
en el cristal, abriendo hueco en el vaho:  
sobrecoge esta repentina  visión.
Descubro que atardeció en el mediodía
que pasa desconsolado.
El paisaje es una cortina de gotas
que contiene los brillos y mixturas
de venideros verdes.
El agua va arrastrando los vestigios
que aún quedan del estío y su calor.
Un escalofrío serpentea veloz
por mis vértebras, que niegan la estación.
               

                                                                                                  Ana Déniz

INCERTIDUMBRE

                            I

En la atmósfera la incertidumbre
haciendo estragos como una plaga
que arrasa certezas y rutinas.

                       II

La incertidumbre es un espejismo                      
de sombras, luces; asombros, llantos,                 
camino de movediza arena.                                   

                      III

Asoma por el resquicio de la vida
la incertidumbre, sin soplo ni tropiezo,
a deconstruir castillos enraizados.

                                                                          Ana Déniz

Teatro de Mérida.

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LAS AMAPOLAS DE LUTO

Las amapolas de luto con crespón negro.           
Rodando en el aire de la tarde el silencio.             
El azabache bajando por la ladera.                     
La palidez de los sueños, vencidos. 
        
Bajó el sol el luminoso telón del día,         
puso fin a tanta farsa representada.                
Nos dejó con el rostro apagado, sin luz
para que podamos desencajar las lágrimas, 
relajar el gesto, ser el propio dolor,
sin que nadie con intención  malinterprete,
la herida que ocultamos bajo la sonrisa.

                                                                                                               Ana Déniz

Minas de Río Tinto (Huelva)

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RÍO TINTO (Huelva)

 

Es tinto su color. No es vino ni sangre:

es río es hierro es rojo,

es agua que corre hacia el mar.

Su naciente: veta de minerales,

polvo encendido, ocres, verdes…

En el atardecer adormilado de una charca

se funden los bancales

cincelados con sudor.

El abandono te ha hecho hermoso,

paisaje por donde el río fluye

y descansa del sueño

y la ambición del hombre.

 

                                          Ana Déniz

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