DESEO
Hay un fuego encendido en la memoria,
un fuego de matices fraternales
hecho de convicciones y de sueños.
A su amparo reclamo tu presencia
para reivindicar desde las manos,
desde el filo basal de la ternura,
un mundo de verdad apetecible.
Querer y sufrir juntos si es preciso
con la estridencia que el vivir impone
y la conciencia que en el ruido crece.
En el nervio frontal de la alegría,
justo donde se amansa la nostalgia
hay una puerta sin cerrar que lleva
a un abrazo cordial sin aspavientos.
En ese punto plantaré los ojos.
Dedicado a todos los hombres y mujeres del ágora.
diciembre 18th,2011
Pepe Junco |
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Llegamos a la vida a través de un cálido
torrente -de la oscuridad a la luz primera-.
El llanto pone intensidad a silencios
ancestrales tatuados en los genes,
instante en que desconcertados percibimos
que el reloj del pecho comienza a cantar,
y pulsa la hora del tiempo por vivir
dando ritmo al primer compás y a los sucesivos.
Crecer es tropezar, reiterar en el empeño,
la vida no es más que un verso encadenado,
una metáfora que se cincela en la piel .
Ana Déniz
diciembre 4th,2011
1. Mis poemas |
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noviembre 21st,2011
4. General |
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He ido sumando fuego, rabia, sueño.
A la inmensa noche la claridad
gana rincones y auroras las voces,
que poco a poco en el silencio penetran
y rompen, poniendo en camino al verbo,
acentos y tildes a las palabras.
Estos maderos que crujen, mantienen
a flote los días de esta barcaza
que aún navega surcando negrura,
mientras abre estelas a la mañana
y el timón pone rumbo hacia la vida.
Ana Déniz

A Tomás Morales, a Saulo Torón y Alonso Quesada.
Estos hombres de salitre y poemas
miran al horizonte y solo ven
un renglón azul en donde escribir
el verso postrero. Son tres y tres
las palabras que arrojan al silencio,
tres llamas, tres amores por su tierra,
por el mar que los envuelve y aleja.
Isleños de miradas encendidas,
de olas y voces acaracoladas
que despiertan de las profundidades,
que traen y llevan de la orilla el canto,
el son del día, para recitar
y romper verso a verso el agua clara.
Ana Déniz
Más información en http://arancanarias.blogspot.com/
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Ayer llovió, sin embargo
los azules florecieron
en las ramas tiempo atrás.
Este verano de sol
sombrío, de nubes grises
y versos rodados, horas
de la triste vida ajena,
ha hecho a la flor brotar
la pena, que al morir vuela.
Ana Déniz
septiembre 8th,2011
2. Imágenes |
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Como te quice
como tus manos ame
pero nada, tu nada
solo y Dios
Noche oscura
sin pandereta de piel
sin guias,
solo negrura y alma
alma destrozada
muerta el alma………….
¡oh, mi alhambra!
¡oh, mi amada!
rey cristiano te posee
y a mi nada
nada
nada
Cuanta vida
rojiza la alcazaba
solo y nada
mi alma caminaba
hacia el exilio
roja mi alma.
ALMA LEVANTA EL VUELO
A Granada, 4 de agosto de 2011
Ignacio J.
(A una mujer que lleva aroma de vainilla, en la noche de su piel.)
Si me creyera todos los cuentos
¿dónde podría guardar mis sueños?
¿quién les daría suspiro y vida?
Si durmiera con dulces palabras,
mecida voz y besos al viento,
¿qué sería de los alejados días por venir?
¿quién levantaría sueño a sueño,
piedra a piedra el mañana de ellos?
Mejor labrar palabras con hechos,
¡mejor, mucho mejor, trazar sendas
y andar, andar y seguir vereda…!
Ana Déniz

Soy un hombre,
de manos grandes y ojos pequeños
que ahora llora.
Soy ese que se va,
Soy tres personas:
Un hombre, una mujer, una cosa.
Quiero que me entiendas, así que relee.
Soy un niño grande y melancólico,
Que ahora sueña
Soy ese idiota que se enfada
Y que siempre se va,
Malhumorado pensando venganzas.
Soy un oso, un lobo, un genio de lámpara apagada.
Quiero que me sientas, así que relee.
Soy un anciano,
Que siempre fue viejo y verde,
Soy alguien que hace daño
Y luego se va,
Refunfuñando,
Soy primavera y verano, y siempre otoño.
Quiero que te vayas, así que relee.
Soy un traidor
Que ahora muere
Soy la muerte de una mañana,
Soy una luz que se apaga,
Titilando
Soy pasado y presente, soy nada.
Saberte bien.
(E. 18.05.11)
mayo 24th,2011
Eugenio |
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¿Quién dijo que la esperanza tiene el color
de la grama verde? La esperanza tiene la luz
azul de este cielo mañanero limpio y luminoso,
como una sonrisa inocente, blanca cual nieve
que silenciosa se posa sin ser vista en la cumbre
de la vida, libre como el canto de un pájaro.
Surcando mares con la única vela roja
que ondea en el pecho, navega solitaria
a ritmo de sones, horas, olas, vientos, mareas,
sin quebrar en su tenacidad por existir.
Esperanza siempre azul, esperanza que fue verde,
que no sabe de demoras, que no entiende de esperas.
Ana Déniz

Esta ciudad que huele a mar,
rezuma salitre entre sus piedras.
Los versos que serpentean
al andar entre las piernas,
nos devuelven el cantar
de otros poetas, y el murmullo
del oleaje, sus voces aún presentes.
Esta ciudad es orilla de culturas,
es mestiza de sol y luna,
de roces y miradas.
Templada de palabra,
dispuesta a conquistar
el tiempo, la historia
con sus derrotas, y los sueños
impregnados en la esperanza,
de días de ir, y de-venir.
Ana Déniz

Si me pierdo por los caminos
del tiempo, por los caminos
del amor que tuve y no,
con el que soñé, en el que dejé
mi piel renovada de versos.
Un día de estos,
saldré por la puerta trasera
del tiempo que dará a horas lejanas.
Pero antes, antes he de amar
la primavera con su polen al viento,
el otoño con su inigualable color,
el invierno con el puro blanco
y el verano con su redonda luz
girando sobre el horizonte del mar.
Creo que el día menos pensado
desandaré las horas muertas
sin que sienta quemazón,
por las vividas, las deseadas,
las que rítmicas bailan en mi pecho
un tango de vida y adiós.
Ana Déniz
El corazón
es nido de silencios,
también de versos.
Ana Déniz

Homenaje a los temas que interpreta Zenet
del poeta Javier Laguna.
Si caminas hacia el sur de ese
otro continente y llegas por fin
a la Tierra del Fuego, y en una playa
encuentras a la mítica ballena
varada: mírala a los ojos,
pues en su pupila verás un resplandor
que te esperaba para bailar una sola vez
“soñar contigo”, descálzate,
y en la arena húmeda, fría
siente el calor de la despedida
con sus “causas perdidas”,
y cuando hayas dado forma
en la arena al amor,
en la pleamar me deslizaré
con la última lágrima
que de sus ojos se desprenda
para caer rendida en la orilla,
sin renegar “na de na”,
“yo que un día te quise siempre”,
y diluirme como un sueño
en las profundidades del océano,
en busca de la boca de un volcán.
Ana Déniz
http://www.youtube.com/watch?v=1atfmHGUDIo&feature=fvwrel
http://www.youtube.com/watch?v=sc6o41a1b4o&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=x2fJzFf1taw&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=ta7ENa2QRdA&feature=related


diciembre 31st,2010
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diciembre 22nd,2010
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diciembre 17th,2010
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En el pedestal, con el rostro reposado
sobre el capitel del brazo,
un hombre de aspecto tosco medita.
Desnudo de pensamiento como lo está de piel,
gravita en su órbita de bronce: metal, fuego;
proyección de un hombre. ¿Serán sus ideas etéreas
o quizá pesen cómo lo hacen los humanos
pesares? En sus huecos ojos posé la diana
de los míos, para entender el dilema del silencio.
Ana Déniz
Hoy el agua ha dado al sol brillantez.
Vibraba la claridad con las gotas
que golpeaban al caer la piel
de los charcos. Corrían a la vez
de limpia: la luz; de transparente: el agua.
Lejos el cielo azul y su abanico
de colores, daban notas al viento.
Sobre mí diluviaba la tormenta,
de imperiosas lágrimas, música de luz.
Ana Déniz

diciembre 8th,2010
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Siempre me gustaron las almendras tristes que laten en tu rostro. Recuerdo haber pasado horas contemplando una imagen tuya a la espera de que verbalizara, el secreto mensaje que mis sentidos percibían. Ahora, al leer tus memorias, toma forma precisa la intuición que no supe esculpir en su momento.
Ana Déniz

noviembre 21st,2010
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Sus largas manos;
sencillos roces
de blancos dedos,
pulidos mimos
de gasa y aire,
fogón y paz.
El tenue vuelo
de tiernas alas
y fugaz tacto,
se posa en gesto
desconsolado.
Ana Déniz

noviembre 6th,2010
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¿Cómo bailabas? Entre hogueras que se desencadenaban a ras de la plateada. Con las pardelas circundantes ovacionando con sus gemidos cada movimiento, cada belleza que explotaba en tu pasión por la danza. Velos de nostalgias te cubrían. Persuadiéndote de ser habitada por los quebrantos que ahora te atosigan, te acosan rompiendo toda tu esencia. ¿Por qué?, te preguntas. Por qué ahora te introduces por en ese vagón que te llevará por unos raíles oxidados hacía el fin. Todo se acabado. La vejez que se deposita en tus piernas, en tu rostro, en tu corazón hace que te sientas cansada. Cansada de que, te digo. La vida continúa. Solo la muerte puede distanciarnos del gentil aliento que deja tu cuerpo mientras danzas. Tu movimiento sinuoso, sutil, sereno, lento, bello. Eras la perfección inmortal emparejada al viento. Y te digo, te sigo diciendo: eras la perfección inmortal emparejada al viento. Sí, el viento. Déjalo que actúe al compás de tus pasos. El te desnuda desvaneciendo ese velo que solo es pena, recuerdos. Si te fijas en su mirada verás el ahora, el ya y podrás bailar con el izar de tu espíritu. Si tu espíritu. Cuando te mires a un espejo y veas tu imagen reflejada fíjate en el. Esa aura patrón de tu elevación. Ya es hora. Hora de seguir danzando con los astros que se columpian en el universo.
Dunia Sánchez Padrón

Corretearon desde muy niños
por aquel parque florecido de rosas,
cuidadas por manos jardineras
al arrullo de una fuente.
Muros húmedos de piedra gris
y picón, pulieron muslos infantiles,
endurecidos para el quebranto
futuro, aún ignorado.
A juegos inocentes siguieron
los compases de pies al son de “Imagine”,
que sonó incansable y machacón
en un portátil “Pick up”,
que marcaron pasos amorosos .
Crecieron soñando, sin saber cambiar
el mundo. No supieron hacerlo,
así lo susurra el tiempo.
Tras la hiedra, tras las rosaledas,
bajo las capas de albeo de los muros
de la siempre amigable glorieta,
los sueños pierden sus alas.
Aún farolas entristecidas
acompañan risas y lamentos.
El balcón vacío de presencia adulta,
otea al norte, ve el mar, siente la lluvia.
Ana Déniz

octubre 11th,2010
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septiembre 5th,2010
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De ti conozco la sombra,
y de tu sombra los ojos,
y de tus ojos la mirada
que arrastra sigiloso camino.
De ti conozco los versos
que al andar siembras;
acaso el desconsuelo
en las pupilas, cuando tiemblan.
De ti conozco la palabra,
túnica que ondea en la frente;
de los años el lánguido acorde del ocaso,
poema que se esculpe en la muerte.
Ana Déniz
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Durante años aquella tribu protegió con sangre la semilla de la vida que sus antepasados les habían dejado en custodia. Tantos años hacía, que acabó por borrarse de la memoria colectiva cual era la misión que tenían con respecto a la diminuta simiente, razón por la que llevaba reunido el Consejo días enteros, desde la última luna nueva. Tenía que tomar una decisión: ¡Qué hacer con la semilla ocre brillante!
Después de debatir las opciones que expusieron algunos miembros, llegó el momento de acordar… A las doce de la noche, salieron de la pequeña choza y en voz baja los integrantes del Consejo fueron comunicando a los habitantes del poblado -y de uno en uno-, lo que harían con la semilla para la próxima luna llena.
Fue el anciano más viejo, quien tuvo el honor de plantar –en un lugar apartado del ajetreo cotidiano-, la semilla. Allí se quedó postrado durante largo tiempo, hasta que sus ojos fueron capaces de recordar el llanto y llorar. Con esas lágrimas se alimentó por primera vez la semilla ocre brillante, que al sentirse sorprendida dio una sacudida bajo la arena. A partir de ese día toda la tribu tenía la obligación de pasar con frecuencia a regarla con su llanto. Poco a poco fue preñándose de agua, hasta que no pudo más, y una noche de luna rebosante, dejó asomar una diminuta hoja verde.
Año tras año, mes tras mes, día tras día, el árbol fue creciendo. La raíz profundizó en la tierra lentamente pero segura, hasta que encontró un río sereno del que alimentarse. El tallo a la vez que se elevaba hacia el cielo, cada doce lunas llenas dejaba caer su piel tostada sobre la tierra; las hojas perennes; las flores prendidas caían repentinamente al llegar el estío a los pies del árbol, formando una alfombra de intensos contrastes… Aún iban niños, adultos y mayores a llorar sus penas, pero nuevamente habían olvidado la razón por la que acudían a derramar sus lágrimas junto al árbol, que abrazaban antes de alejarse. El frondoso árbol, sentía aquellos abrazos y hasta reconocía de quién era cada uno. Él les daba fuerza para afrontar sus dolores, penurias y calamidades e incluso su follaje logró atraer a una enorme nube que pasaba de largo y a la que propuso “Semilla Ocre Brillante” –como así acabaron llamándole-, un acuerdo razonable: “La dejaría hacer en lo alto de su copa verde un nido para gotas de lluvia a cambio de que dejara deslizarse por sus hojas el agua que necesitaba el poblado”, así que cada cierto tiempo las hojas sacudían las gotas que fueron formando una pequeña charca que creció en tamaño y profundidad y que contribuyó a la prosperidad del pueblo. Los miembros de la tribu, se sorprendieron las primeras veces que “Semilla Ocre Brillante” les devolvía las propias lágrimas, que dieron con el tiempo riqueza al poblado.
Habían pasado siglos desde que fuera plantada la semilla. Ahora el lugar era un oasis que se divisaba desde cualquier parte del desierto. Una llamada al forastero que acudía en peregrinación hasta aquel paraíso.
La abundancia y el olvido caminaron parejos. De nuevo nadie recordaba el motivo por el que se había plantado la primera semilla en aquel desolado lugar, ni del por qué de aquella costumbre ancestral de ir al pie del árbol cada vez que la tristeza asomaba en los ojos de foráneos y forasteros. El descuido, el derroche, la decadencia fueron haciendo acto de presencia. El agua fue esquilmada sin miramientos, los árboles cortados o pasto de incendios reiterados que no dejaron rebrotar las ramas de “Semilla Ocre Brillante” y sus descendientes. Paulatinamente la “ocredad” y la sequía se apoderaron del paisaje y las lágrimas que generosamente regaron el lugar se secaron en los ojos del hombre, al no saber que hacer con ellas, como tampoco sabían qué hacer con la única semilla que se había salvado después de tanto infortunio. En una caja de corteza de árbol, volvía a dormir el sueño del hombre.

Voy a ti…
…a lo prohibido
Como aquel drago
Que pende del alto risco
Que aún con miedo
A rodar…
… a caer y convertir
Mi alma en ciscos
Me alongo al precipicio
Atraído por el abismo
Paco Ramos noviembre 2008
Ahora, bajo un ciprés marmóreo
Con la blanca luna como vigía
De los pasos furtivos en una noche
Cuando las emociones desfallecen
Nos reencontramos con nosotros mismos.
Ahora, ante este paraje somnoliento
Con el Monteverde lenguaje
De lo que mana del corazón de la tierra
Corres hacia arriba con el candor de una estela
Que deja la madre naturaleza,
Te entregas a la azabache bóveda
Envejeciendo tu llama de la pasión
Y te dejas, te dejas atrapar por raíces
Que se lían a tus piernas, a tus manos.
Sueltas tú soledad y saludas las cenizas que se trenzan
De su abandono, revives amargos silencios
Donde el saludo de cuervos deshoja tu esencia.
Ahora, bajo una cascada azul
Donde la helada humedad hace de fuego
Para volver, para volver a tus sueños
Carentes de una pena mugrienta,
Abastecidos de una refulgente felicidad y paz
Que repele todo llanto, toda angustia, toda sombra negra
En la espesa atmosfera que se nutre del néctar de la vida.
Dunia Sánchez Padrón

Cada instante en su tiempo anclado,
con la calma o su ímpetu ciego,
momificado en la memoria
lejano, frío.
Frío a la piel.
La sonrisa que se renueva
desconoce el lugar y el orden
de embarullados instantes.
Instantes dóciles.
Sombras chinescas proyectadas
en la retina de la vida,
en donde imágenes difusas
conforman la suma de un todo.
Un todo marcado de aristas,
fotogramas caleidoscópicos
de mil instantes.
Ana Déniz
Disfraces en el alma
mentiras en la boca
dolor para la calma.
Ana Déniz
Horizonte de sal,
línea donde descansa tu mirada
haciendo equilibrios,
sopesando la pena, el día.
El mar que llega hasta tus pies
para colmar ausencias,
se va filtrando por abiertos poros
camino al lagrimal,
para anegar los ojos,
nublar los sentidos, provocar llanto,
mientras un parpadeo
clarea las pupilas negras,
azabache cristal que prende,
expandiendo el calor
del mediodía, sobre la esperanza
de tus vacías manos.
Ana Déniz

Sobrevoló por el blanco toldo,
la fugaz sombra de una gaviota,
es ilusorio sueño chinesco
de una realidad que se pasea:
elevada, libre, volátil.
Estremeció a las quietas hojas,
de unos ojos ausentes, perdidos
en los entresijos del rompiente,
mirada sin rostro ni motivos,
absorta en el revuelo de espuma.
Descubrir que la vida se agita
más allá de férreas voluntades,
más allá de las pétreas renuncias,
desplegando sus aladas fuerzas,
fechas en los caminos del aire.
Visión encendida y nítida,
pensamiento que transita y queda,
escrito en la retina del tiempo,
que en intermitencia sorprende
y asoma, al balcón de la conciencia.
Ana Déniz