SEMILLA OCRE BRILLANTE

semillas

      Durante años aquella tribu protegió con sangre la semilla de la vida que sus antepasados les habían dejado en custodia. Tantos años hacía, que acabó por borrarse de la memoria colectiva cual era la misión que tenían  con respecto a la diminuta simiente, razón por la que llevaba reunido el Consejo días enteros, desde la última luna nueva. Tenía que tomar una decisión: ¡Qué hacer con la semilla ocre brillante!

   Después de debatir las opciones que expusieron algunos miembros, llegó el momento de acordar… A las doce de la noche, salieron de la pequeña choza y en voz baja los integrantes del Consejo fueron comunicando a los habitantes del poblado -y de uno en uno-, lo que harían con la semilla para la próxima luna llena.

    Fue el anciano más viejo, quien tuvo el honor de plantar –en un lugar apartado del ajetreo cotidiano-, la semilla. Allí se quedó postrado durante largo tiempo, hasta que sus ojos fueron capaces de recordar el llanto y llorar. Con esas lágrimas se alimentó por primera vez la semilla ocre brillante, que al sentirse sorprendida dio una sacudida bajo la arena. A partir de ese día toda la tribu tenía la obligación de pasar con frecuencia a regarla con su llanto. Poco a poco fue preñándose de agua, hasta que no pudo más, y una noche de luna rebosante, dejó asomar una diminuta hoja verde.

    Año tras año, mes tras mes, día tras día, el árbol fue creciendo. La raíz profundizó en la tierra lentamente pero segura, hasta que encontró un río sereno del que alimentarse. El tallo a la vez que se elevaba hacia el cielo, cada doce lunas llenas dejaba caer su piel tostada sobre la tierra; las hojas perennes; las flores prendidas caían repentinamente al llegar el estío a los pies del árbol, formando una alfombra de intensos contrastes… Aún iban niños, adultos y mayores a llorar sus penas, pero nuevamente habían olvidado la razón por la que acudían a derramar sus lágrimas junto al árbol, que abrazaban antes de alejarse. El frondoso árbol, sentía aquellos abrazos y hasta reconocía de quién era cada uno. Él les daba fuerza para afrontar sus dolores, penurias y calamidades e incluso su follaje logró atraer a una enorme nube que pasaba de largo y a la que propuso “Semilla Ocre Brillante” –como así acabaron llamándole-, un acuerdo razonable: “La dejaría hacer en lo alto de su copa verde un nido para gotas de lluvia a cambio de que dejara deslizarse por sus hojas el agua que necesitaba el poblado”, así que cada cierto tiempo las hojas sacudían las gotas que fueron formando una pequeña charca que creció en tamaño y profundidad y que contribuyó a la prosperidad del pueblo. Los miembros de la tribu, se sorprendieron las primeras veces que “Semilla ocre brillante” les devolvía las propias lágrimas, que dieron con el tiempo riqueza al poblado.

   Habían pasado siglos desde que fuera plantada la semilla ocre brillante. Ahora el lugar era un oasis que se divisaba desde cualquier parte del desierto. Una llamada al forastero que acudía en peregrinación hasta aquel paraíso.

   La abundancia y el olvido caminaron parejos. De nuevo nadie recordaba el motivo por el que se había plantado la primera semilla en aquel desolado lugar, ni del por qué de aquella costumbre ancestral de ir al pie del árbol cada vez que la tristeza asomaba en los ojos de foráneos y forasteros. El descuido, el derroche, la decadencia fueron haciendo acto de presencia. El agua fue esquilmada sin miramientos, los árboles cortados o pasto de incendios reiterados que no dejaron rebrotar las ramas de “Semilla Ocre Brillante” y sus descendientes. Paulatinamente la “ocredad” y la sequía se apoderaron del paisaje y las lágrimas que generosamente regaron el lugar se secaron en los ojos del hombre, al no saber que hacer con ellas, como tampoco sabían qué hacer con la única semilla que se había salvado después de tanto infortunio. En una caja de corteza de árbol, volvía a dormir el sueño del hombre.

                                                                                                                                                                          

                                                                                                                                                                          Ana Déniz

Trasera de la Ermita de la Concepción

ermitaconcepcion

Tentación

Voy  a ti…

 

…a lo prohibido

Como aquel drago

Que pende del alto risco

Que aún con miedo

A rodar…  

 … a caer y convertir

Mi  alma en ciscos

Me alongo  al precipicio

Atraído por el abismo

                                           Paco Ramos noviembre 2008

AHORA…

 

Ahora, bajo un ciprés marmóreo

Con la blanca luna como vigía

De los pasos furtivos en una noche

Cuando las emociones desfallecen

Nos reencontramos con nosotros mismos.

Ahora, ante este paraje somnoliento

Con el Monteverde lenguaje

De lo que mana del corazón de la tierra

Corres hacia arriba con el candor de una estela

Que deja la madre naturaleza,

Te entregas a la azabache bóveda

Envejeciendo tu llama de la pasión

Y te dejas, te dejas atrapar por raíces

Que se lían a tus piernas, a tus manos.

Sueltas tú soledad y saludas las cenizas que se trenzan

De su abandono, revives amargos silencios

Donde el saludo de cuervos deshoja tu esencia.

Ahora, bajo una cascada azul

Donde la helada humedad hace de fuego

Para volver, para volver a tus sueños

Carentes de una pena mugrienta,

Abastecidos de una refulgente felicidad y paz

Que repele todo llanto, toda angustia, toda sombra negra

En la espesa atmosfera que se nutre del néctar de la vida.

 

 

 

                                                                                 Dunia Sánchez Padrón

Itálica

italica

Cada instante

 

Cada instante en su tiempo anclado,                       

con la calma o su ímpetu ciego,                          

momificado en la memoria                               

lejano, frío.                                                  

 

Frío a la piel.                                    

La sonrisa que se renueva             

desconoce el lugar y el orden                

de embarullados instantes.                                                    

 

Instantes dóciles.

Sombras chinescas proyectadas

en la retina de la vida,          

en donde imágenes difusas

 

conforman la suma de un todo.              

Un todo marcado de aristas,                

fotogramas caleidoscópicos                                                          

de mil instantes.                                                               

 

 

                                          Ana Déniz

Gracias a todos los que han estado apoyándome en esta etapa de la vida.

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Es tiempo de girasoles. He seleccionado esta foto de una serie.

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Tres versos

 

Disfraces en el alma
mentiras en la boca
dolor para la calma.

                                     Ana Déniz

Cesta con limones y piñas

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Me hallo en el dique seco

 

Me hallo en el dique seco del verso,

a donde no llega ola ni mar                                  

tampoco crece la hierba, y el humo

aborda al aire hasta ser él mismo:

seco, asfixiante, doblegador…

Será que me apremia alguna cita,

tal vez con el silencio y el miedo,

o con el misterio y el futuro.

Me hallo encallada en lengua de arena,

al sol de la palabra, a la sombra

de la sangre, allí donde el infierno

es vereda a bordear de puntillas.

Sé que tras la esquina del presente,

el horizonte azul se aproxima

y yo he de comenzar a moverme.

                                           

                                                  Ana Déniz

 

Horizonte de sal (este poema lo inspiró la imagen anterior)

 

Horizonte de sal,                      
línea donde descansa tu mirada        
haciendo equilibrios,                  
sopesando la pena, el día.             
El mar que llega hasta tus pies         
para colmar ausencias,                 
se va filtrando por abiertos poros     
camino al lagrimal,                     
para anegar los ojos,                
nublar los sentidos, provocar llanto,   
mientras un parpadeo                    
clarea las pupilas negras,               
azabache cristal que prende,              
expandiendo el calor                      
del mediodía, sobre la esperanza        
de tus vacías manos.                    

                                                             Ana Déniz

Mujer mira al horizonte

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Sobrevoló por el blanco toldo

 

Sobrevoló por el blanco toldo,           
la fugaz sombra de una gaviota,   
es ilusorio sueño chinesco        
de una realidad que se pasea:     
elevada, libre, volátil.     

Estremeció a las quietas hojas,        
de unos ojos ausentes, perdidos
en los entresijos del rompiente,      
mirada sin rostro ni motivos,
absorta en el revuelo de espuma.

Descubrir que la vida se agita
más allá de férreas voluntades,
más allá de las pétreas renuncias,
desplegando sus aladas fuerzas,
fechas en los caminos del aire.

Visión encendida y nítida,
pensamiento que transita y queda,
escrito en la retina del tiempo,
que en intermitencia sorprende
y asoma, al balcón de la conciencia.

Ana Déniz

Ahorros

ahorros1

CARTA IMAGINADA DE NAZIM HIKMET, EL TURCO, A MIGUEL HERNÁNDEZ, EL ESPAÑOL.

 

 

Camarada Miguel: ¿Qué bálsamo desprenden los álamos de España?

 ¿Cuál es la dimensión de sus raíces?, ¿Te deja sin resuello su fragancia?

¿Cómo es la historia en las calles de España? ¿Se presume, Miguel?

¿Puede uno comprenderla cuando pasea al mediodía?

 

Y los niños, Miguel, ¿sonríen acaso? ¿Dan un beso a sus padres

antes de anochecer y luego se divierten en sus sueños?

¿Cómo lloran las esposas de los combatientes en tu tierra?

¿Lloran con esperanza, les nace un arco iris detrás de la tristeza?

¿Se escabullen del tedio y del horror y vuelan lejos

como las mariposas de alas verdes que imaginan el aire?

 

¿Qué gemidos exhala la tierra humedecida de tu patria?

¿Lo recuerdas Miguel, te asomas más allá de los barrotes?

¿Cómo cantan los pájaros de España? ¿esperan a posarse,

o simplemente en vuelo ejercitan las cuerdas para luego?

 

Si tu hijo y el mío se encuentran una tarde aquí en Turquía

o allí, en tu hermosa patria, ¿sabrán por qué no viven ya sus padres?

¿Se abrazarán, Miguel, sin conocerse, porque tira la sangre de poeta?

 

Buena suerte Miguel, mi hermano en la desdicha y en los sueños.

No olvides referirme la textura que tienen las hojas de los álamos,

los sueños de los niños españoles, las alas verdes de las mariposas,

el canto de los pájaros, y cómo va la historia por la calle.

Cuídate de esa tos que yo me cubro de noche el corazón.

 

                                                                                         Pepe Junco

Detalle de orquideas

orquideas_detalle

Asoma la noche

 

Asoma la noche,
con ella los grillos
que la acompañan,
augurando calor.

Noche de sombras
claras, de luna
de aureola azul
y mixtura de aromas.

La plaza sola.
La torre sola.
La campana
callada y quieta.

Resquebrajando
el denso silencio,
nostálgico vibra
el viejo reloj.

Los sentidos vivos,
los pasos serenos,
la voz recogida
y la vida latiendo.

                                Ana Déniz

Las palmeras de mi pueblo

palmeras

FELIZ DÍA DE CANARIAS

Mari Carmen nos ha dejado una grabación que me trae recuerdos, aquí pongo el enlace para que la escuchen. Cuatro mujeres recitando el poema de “La Maleta” de Pedro Lezcano. Muchas gracias MariCarmen.

http://www.goear.com/listen.php?v=2b48505

LA MALETA

Ya tengo preparada la maleta. Una maleta grande,
de madera.
La que mi abuelo se llevó a la Habana;
mi padre, a Venezuela.
La tengo preparada: cuatro fotos,
una escudilla blanca, una batea,
un libro de Galdós y una camisa
casi nueva.
La tengo ya cerrada y, rodeándola,
un hilo de pitera.
Ha servido de todo: como banco
de viajar en cubierta,
y como mesa y, si me pauran muhco,
como ataúd me han de enterrar en ella.

Yo no sé donde voy a echar raíces.
Ya las eché en la aldea.
Dejé el arado y el cuchillo grande,
las cuatro fanegadas de mi vieja.
…¡La hostelería es buena! - me dijeron.
Y cogí la bandeja.
“Sí señor, no señor, lo que usted mande,
servida está la mesa”…
Yo por vivir entre los míos hago
lo que sea.
Vi las mujeres pálidas del norte
arrebatarse como hogueras,
y llevarse las caras como platos
de mojo con morena,
tanto que aquí no dejan ni rubor
para tener vergüenza.
Vi vender nuestras costas en negocios
que no hay quién los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco
¡y lo que se vendía era mi tierra!

Pero no importa. Me quedé plantado.
Aquí nací, de aquí nadie me echa.
Hasta que el otro día lo he sabido,
y he hecho de nuevo la maleta.
Ha sabido que pronto
van a venir de afuera
técnicos en alambrar los horizontes,
de encadenar la arena,
de hacer nidos de muerte en nuestras fincas,
de emponzoñar el aire y la marea,
de cambiar nuestros timples por tambores,
las isas por arengas,
las palabras de amor por ultimátums,
por tumbas las acequias…

Si se instalan los técnicos del odio
sobre nuestras laderas,
los niños africanos, desvelados
bajo la lona de sus tiendas,
mirarán con horror las siete islas,
no como siete estrellas,
sino como las siete plagas bíblicas,
las siete calaveras
desde donde su muerte y nuestra muerte
indefectiblemente se proyectan.
Yo por mi parte
cojo la maleta.
La maleta que el viejo
se llevó a las Américas
en un barquillo de dos proas.
¡Qué valientes barquillas atuneras!
Tienen dos proas, una a cada lado,
para que nunca retrocedan.
Vayan donde vayan siempre avanzan.
¿Quién dijo popa? ¡Avance a toda vela!
…Y yo ¿voy a quedarme reculando?
¿Voy a dejar que crezca
sobre la tierra mía
toda la mala hierba?
¿Voy a volver la espalda al forastero
que vendrá con sus máquinas de guerra
para ensuciar de herrumbre las auroras,
de miedo las conciencias?
Pensándolo mejor, voy a sacar
de la vieja maleta
el libro, la camisa, la escudilla,
la batea…
Voy a pintar y barnizar de nuevo
su gastada madera,
voy a quitarle el hilo y a ponerle
la cerradura nueva.
Y con ella vacía
me acercaré a La Isleta,
y al primer forastero de la muerte
que llegue a pisar tierra
se la regalo, para siempre suya,
y que la use y nunca la devuelva.
¡No quiero más maletas en la historia
de la insular miseria!
Ellos, ellos,
que cojan ellos la maleta
Los invasores de la paz canaria,
que cojan la maleta.
Los que venden la tierra que no es suya,
que cojan la maleta.
Los que ponen la muerte en el futuro,
que cogan la maleta.
Que cojan la maleta,
¡que cojan para siempre la maleta!

                                               Pedro Lezcano

Abanico de plumas

abanico

Viejo reloj

 

Le he dado un soplo de vida al reloj    

que viejo dormía en la mesa.                

Ahora en la oscuridad                   

escucho su latido y tiemblo,               

mientras con los ojos insomnes         

me dejo arrastrar por el tiempo,       

que va y vuelve que vuelve y va… 

al son del respiro de mi existencia.

                                                                 Ana Déniz

 

POR SI ALGUIEN SE ANIMA. YO NO ESTARÉ, PERO DE HABER PODIDO…

 

Aquí podrán ver quienes estarán en el evento.

http://mhhombreypoetaalicante2010.blogspot.com/

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Atardecer

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HA CAÍDO SOBRE LA NOCHE…

Ha caído sobre la noche un silencio de perros.      

Yo también he caído, he tocado todos los fondos,   

mientras en la mañana se pasea:                             

el amor, las libélulas, el polen y las mariposas.    

El desgarro ha calado en vitales tejidos,                            

al sueño se le han truncado las azuladas alas,    

pero aún respiro y se agita el aire de alegría    

en el pecho, en donde brilla mi corazón rojo,   

albergue de sonrisas cuando no es escarcha ensangrentada.  

En los nidos se están gestando poemas y es  primavera,     

cuando llegue el duro estío y crecidos echen a volar                 

darán sombra y refugio al caminante.                                         

Entonces, yo buscaré el mar en todos los horizontes.        

 

 

                                                                                   Ana Déniz   

 

Orquideas

orquideasazulrosa

Llegas

 

Ha pasado un año…
vuelve abril
con su sol eclipsado
su tiempo variante
su ritmo acompasado
mi recuerdo constante.

 

Las flores van naciendo
acompañando a mis suspiros
restos de un anhelo
de aquel beso regalado
bajo el rosal del desconcierto
tras el clavel del atrevimiento.

Llegas primavera
con tu paso delicado
ofreciendo ese aroma
ese regalo del tiempo;
vuelve la magia de abril
hermosa primavera en mis labios.

 

                                             Erika

Gotas

gotas

“Soñando en su nubecita”

 

Diminuta y  trasparente vivía en un lugar altísimo. Siempre viajando en una nube, hasta el día helado que se precipitó al vacío y cayó sobre un perro peludo y calentito.  Poco le duró la alegría, porque el cuadrúpedo se sacudió y al suelo la lanzó, salpicando en un agujero, donde de pánico vio correr a varias hormiguitas. Rodó varios metros hasta que se paró en una piedra ahuecada y descansó. Pensó que soñaba cuando volvía a su casita y disfrutó de la rica brisa de un  día soleado que la evaporó y le devolvió a su nubecita como una gotita.

20/04/10 sinforianoquintana

SOMBRAS EN LA TARDE

 

 

Sombras en la tarde

Cuando esferas de coral tejen el ánimo,

El hilillo que los sueños forjan

Para ser estrategia de  la alegría.

Las gélidas caricias se difuminan,

Se quiebran en las bocanadas de un cielo

Cuyas nubes animadas por la esperanza

Describen el resonar de los corazones.

¡A danzar¡

¡A danzar¡

Que la sombras de la tarde

Embellece el ritmo trepidante

De los océanos,

De los montes

Arraigados a la maravilla

De ser manantial de la sabiduría.

                                                      Dunia Sánzhez Padrón

Buen día del libro a todos

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Tejido vegetal

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AÚN ESTAMOS…

 

Aún estamos Miguel, intentando rescatar  
nuestros muertos para enterrarlos en fosas de amor 
y en su lugar depositar el rencor que dormita en el recuerdo.  
Muchos acontecimientos ocurridos desde que nos falta tu aliento:   
la libertad tuvo que malvivir bajo barrotes,                      
tardaron muchos, pero que muchos  años en rescatar   
la llave de la concordia que descuidada y olvidada estaba 
en el mar de nuestras conciencias, herrumbrosa.    
La reconciliación llegó amparada por la paz            
el miedo la acompañó, pero consiguieron poner los pilares   
por los que trepar, desde el profundo silencio.                       
Pero a veces se me eriza el corazón cuando se conmueven  
las basas que sustentan  presente y  futuro en libertad.         
Entonces nos queda meditar nos queda rememorar,               
nos queda el verbo preciso, la acción para que la equidad        
sea generosa y no vuelva el ansia de abofetear                                   
al aire, a la carne, ni que nuestras curtidas lágrimas                     
se conviertan en balas de cristal fosilizado.  

                                                                                                            Ana Déniz

Telas

telas

He encontrado este poema en el baúl del olvido

 

No quiero,
no, morir
en la cárcel
del pasado,
cuyos barrotes
se forjan
con olvido.
No quiero
prisión
para la huella
del recuerdo,
ni herrumbre
en la piel
de la amistad,
antes, cellisca
que veloz huye
por las fisuras
del presente,
hacia el exilio
de la voz
y la mirada.

                              Ana Déniz

Árbol y cielo

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Inmenso cielo

 

 Ahí  estás inmenso cielo

Llano celestial          

Árbol  de sueños

Donde el amor planta miradas

Y el poeta siembra  los versos

Adonde van los deseos

De donde vienen los tiempos 

 

Ahí estas colorido cielo

De azul     de aurora      de negro

Mar que atraviesa el rey

En puntual  velero

 

 

Ahí estas  inmenso cielo

Raso inerte

Infinito agujero

Donde guardé mil momentos

Mudo  conocedor

De la vida y los secretos

Taciturno paraíso de mis desvelos

 

Ahí estas pintoresco  cielo

De nubes      de estrellas     de vientos

Que el Dios tiempo no te ha borrado

De sus divinos lienzos

 

 

Ahí estas  inmenso cielo

Por descubrirte

Por conocerte

Ambición estúpida  de los que te pretenden

Yo solo sólo quiero un pedazo

El que yo vea desde el suelo…     y soñar

Con que serás destino                 de este mortal crédulo

 

                        

 

 

                                                                          Paco Ramos agosto 2008

HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

 

 

Aún nos toca el corazón el rayo                            

que no cesa, y nos descubre en el pecho                         

la brecha de tu ausencia, que es la misma               

ausencia que dejaron otros muchos.                        

 

 

El viento del pueblo trae en sus alas

fuego y  llanto, y cuando con fuerza alza

el puño de la solidaridad

desbroza en nuestro verso la esperanza.

 

 

Y aún tus tres heridas nos sublevan,

la de la vida: sangre en la palabra;

la del amor: la libertad del beso;

la de la muerte: la acallada voz.

 

 

Todos somos rama del mismo árbol,

hijos del sol y de un vientre de barro.

Somos la misma leña cuando ardemos,

única llama que por la paz clama.

 

 

Ana Déniz / 2010

Nuestro Roque Nublo en un atardecer

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LA TARDE…(POEMA)

 

La tarde rumia el deforme canto de las olas,

La tarde es lentitud que conforma una bóveda celeste

Donde el girar y girar  del último vuelo de una gaviota

Se embellece  con la última danza de los enamorados

Que de roque en roque

Lanzan sus gritos resonantes en labios que se acarician.

La tarde,

Poblada de sueños que se ofuscan por las praderas

Donde mi llamada se hace ausente

Como cometas blancas rotas al son de la melancolía.

Dos árboles hacen sombra, son puentes del vacío,

De la nada que arrastra mis manos envejecidas.

Dos árboles… que con sus miradas lánguidas

Barruntan la desnutrición de un sol

Que con su gemido desnudo

No es capaz de abarcar

Todos esos cuerpos azotados, despedazados por un hambre.

Insonorizados por la fuerza feroz de un viento abocado al desprendimiento

De rocas para sus fosas anónimas.

La tarde rumia el deforme canto de las olas,

Galopa en el divagar de un corazón que adolece

Al unísono de la madre naturaleza es campo marmóreo

En que el agrietar de las alas libres

Son lágrimas frente a un espejo

Cuya tierra baila en soledad, soledad.

                                                            Dunia Sánchez

Anturio

anturio

Un poema que nos remite Paco Ramos

Párate y vive  

 

 

Acaricia suavemente  la mañana

Y verás como te sonríe el día

Pon freno

 

Párate y vive   

 

Suavemente  disfrutando cada instante

Inhalando poquito a poco la existencia

Observando cada flor y cada llama

Cada gota derramada del crisol de nuestros días

Y refresca con silencio tus oídos

Y llénalos de cadenciosas olas

De correosas brisas  bajo los árboles

Siente y disfruta del sutil vuelo de la mariposa

De la sonrisa inocente  y del beso tierno

 

Párate  

 

Yace en paz sobre la tierra 

Mira al cielo y sonríele a la nube

A aquella blanca y viajera que galopa  con mil formas

A la sempiterna  azul de los cuadros

Déjate cubrir por la triste gris del invierno

Y ya abiertos los sentidos

-Y por un momento-  gota  a gota

 Nebulízate

Con el hermoso llanto de la vida

 

Vive

 

Sin prisas atesorando momentos

Paseos y abrazos colores y formas

Sube la montaña y húndete en el firmamento

Y sé tierra feraz      y fresco sol

Y sé noche amiga     y  mar salvaje

Y sé grandioso insecto  y  fiera dormida    

Y hazte llevar -cual brizna de la hoja-

Hasta descansar entreverado con la tierra

En la mullida sombra del árbol de la vida

 

Pisa suave aunque el sendero sea abrupto

Y no molestes al mundo con tu paso

         

                                               Paco Ramos 09-2008

Brotes

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NOCHE TEMPRANA

 

Era una noche temprana.             

En vertical caía

“el milagro de la vida”.

Al mirar a ambos lados

descubrí la soledad

del espejo en las baldosas.

La perla plena del cielo

oculta tras un gris manto.

Sólo unos cuantos contemplan

-guarecidos bajo toldos-

la lluvia que desdibuja

en zigzag los colorines,

de los rótulos brillantes.

Alguien grita y mientras corre

juega, otros esquivan charcos.

Poco a poco las miradas

van quedando ensimismadas,

vuelan libres los deseos

que levantan y salpican

la esperanza conquistada.

Luego los pasos despiertan

al silencio que ha crecido

esperando la tormenta

que anunciaban inminente.

 

                                    Ana Déniz

 

De la amiga Mari Carmen Martín

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Rosa y cielo

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“Padre Nuestro”

 Y me dijo el buen hombre: reza un Padre Nuestro;
y yo que había olvidado, recé:
Padre Nuestro ven a nosotros,
alivia el padecer que nos aflige,
funde las luces y sombras que nos cobijan
para que sane la alegría
que cabalga en nuestras venas
y vuelvan las sonrisas a revolotear;
y así se haga tu voluntad
cuando en la renuncia nos encuentres.
Amén.

Ana Déniz

Los dados

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Dados

Tengo un dado en cada mano: me juego la vida,           

dos probabilidades de doce, diez en contra.

No es de carmín la loza, ni de olorosos pétalos,             

es fría piedra, frío el muro, fría esperanza

si no ha de llegar. Avivo el hueco de las manos,

le susurro a los inertes cubos un deseo

al arrojarlos: la suerte está echada, los tramos

de vida también. Las dudas en el paladar

por unos instantes desdibujan las palabras.

Sobre la piedra lisa los dados, dos figuras

que me observan como dos ojos en la distancia:

son rojos, son ases ganadores, son futuro.

                                                                       Ana Déniz

 

            

Peldaños

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