De la amiga Mari Carmen Martín

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Rosa y cielo (para esa persona que me pidió una flor)

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Soledad

 

Pasa a nuestro lado,
deambula por calles
ciudades y pueblos,
con distinto rostro
con distintos pasos,
edad, sexo y gesto.
Parece un espectro
que habla con las horas.
Tiene hambre de voz
sed de algunos besos,
de abrazo y amistad.
Pasa a nuestro lado,
sombra de miradas
que se evita e ignora.

                Ana Déniz

Los dados

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Dados

Tengo un dado en cada mano: me juego la vida,           

dos probabilidades de doce, diez en contra.

No es de carmín la loza, ni de olorosos pétalos,             

es fría piedra, frío el muro, fría esperanza

si no ha de llegar. Avivo el hueco de las manos,

le susurro a los inertes cubos un deseo

al arrojarlos: la suerte está echada, los tramos

de vida también. Las dudas en el paladar

por unos instantes desdibujan las palabras.

Sobre la piedra lisa los dados, dos figuras

que me observan como dos ojos en la distancia:

son rojos, son ases ganadores, son futuro.

                                                                       Ana Déniz

 

            

Peldaños

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Seísmo

 

Tienes Tierra     

En tus entrañas

De azufre y lava

 Tú alma

 Y a veces pierdes

 La  calma

De las formas más

 Extrañas

Muestras  tu rabia

 Y te ensañas

Haciendo

 Temblar tú nombre

Dejas que el mundo

 Se asombre

De tu natural

Grandeza

La Tierra  es

 Naturaleza

Y el hombre        

Sólo es           el hombre

 

                                                      Paco Ramos

 

 

Sueño de un volcán

 

Mi isla tuvo que ser el sueño de un volcán,        
del Teide seguramente -¿de quién si no?-,   
para poder contemplarnos desde muy cerca, desde muy alto.  
Tres cuervos cruzan reiteradamente nuestras    
miradas, son negros como una noche alada,        
sobrevuelan entre pinos mientras la luz  se balancea       
en agujas tornasoladas que encandilan.              
Sueño pétreo -onírico paisaje- que trae    
a la conciencia gigantescas y oscuras siluetas plenas      
de asombro a pesar de la cotidianeidad:                             
distinta visión de un entorno inamovible.                         
Embriaga los oídos esta melodía  tantas veces           
deleitada del “Concierto de Aranjuez”.                      
En esta versión, un piano y una guitarra                          
se desgarran, abrazan  como amantes que enfebrecidos      
quieren arder en el instante de un acorde.                           
Vuelvo a mirar cuanto me ampara y rodea,                      
vuelvo a pasear por viejas veredas                        
vacías de tiempo y calor de antaño.    

                                                                                  Ana Déniz

A LOS POETAS, A LOS LECTORES, A LOS QUE DESCUBREN ESTE BLOG Y DECIDEN SEGUIR ENTRANDO: GRACIAS.


No me canso de contemplar mi isla y la de enfrente.

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Vuélvete

 

Vuélvete, sí, hacia mi.

Seamos esa frontera invisible

Donde nuestras manos pasan y pasan

En la caricia sublime.

Seamos árbol que en su canción de amor

Permite cambiar el destino de la extinción

De nuestros labios en una llamada

A la atmósfera que luego nos acogerá.

No reservemos más el abrazo

Para ese horizonte que no nos respira

Y aunque no pare de llover cenizas

Por nuestra pasión que el coraje

Nos emborrache en una fuga 

Por cumbres nevadas de magarzas.

Vuélvete, sí, hacia mi.

El desierto impera con su profundo pesar,

Con su lamento mirándonos fijamente,

Con su constante ventolera de mares marchitos

Al son de los aromas de los caídos en la distancia,

Inyectándonos no se que sombra de borrascas

Que nos inducirá a la muerte del deseo,

A la languidez de la esperanza,

A la ruptura de la libertad en su alianza con los sueños.

 

                                                                         Dunia Sánchez

Foto tomada en Itálica. La escultura representa al Emperador Trajado

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Respirar en esta mañana

Respirar en esta mañana, los verdes     

recién amanecidos, dejarse                     

envolver por el silencio de las nubes     

tormentosas, aún sin quejumbrar.

Y el acebuche en su quietud a la espera.        

Y el cañaveral en el barranco                              

resistiendo como la luz en la noche.                    

Las palmeras en el lienzo del paisaje                 

con el fruto maduro exhibido.                           

El rocío en el trébol: blanco, brillante.             

¡Ay del rojo intenso de la buganvilla!,            

aún más intenso cuando crece el clareo.

Y yo que regreso del sueño, voy hacia la vida.

 

 

                                                                 Ana Déniz

 

Umbral

 

En las fuentes del pasado

Hay ecos de  aquellos trinos

Y de cada invierno  andado

Quedan barros del  camino

De esos bellos manantiales

A sorbos beben  mis sueños

Y en cada trago me empeño

En traspasar los umbrales

 

        portón infranqueable

Que el puntual regreso vetas

Son mis recuerdos tus grietas

Por las que volver es viable

Como polvo como  harija

De mis molidos lamentos

Empujado por el viento

Me cuelo por tus rendijas

 

Me hago lágrima y silencio

Monto en alas de la brisa

Y en busca de tu  sonrisa

Vuelvo a mi pasado recio

Recio  voy para flor vieja

Ya sin pétalos ni aroma

Si tú primavera asoma

Me rondarán las abejas

 

 

 

 

                                                            Paco Ramos

La puerta que tendremos que abrir para pasar al próximo año. Nos falta una llave.

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MUJER MIRANDO AL CIELO

 

 

Una mujer mirando al cielo puede

causar un cataclismo inesperado,

hacer girar la tierra en direcciones

contrarias a la física más obvia,

siempre que en el mirar se fortalezca

el cauce loco de un torrente ciego,

 el cielo esté dispuesto a la aventura

y no ponga pretextos ni barreras

a ese momento de la entrega henchida.

 

Una mujer mirando al cielo puede

hacer que condiciones necesarias

se den en el instante apetecido

y choquen cicatrices con orugas

dando paso al diluvio deseado,

siempre que en ese instante una paloma,

o en su defecto un pájaro aterido,

cruce con su mensaje la distancia

que va del corazón a la deriva.

 

Una mujer mirando al cielo puede

dar esperanza al moribundo y luego

pugnar con su dolor y amortizarlo

hasta que el movimiento coja altura

y vuelvan a crecer los girasoles

y fértiles las piernas resuciten,

siempre que en algún sitio una sonrisa

prenda la mecha de los marginados

y empiece la pirámide a sentirse

derrotada sin base y sin cobijo.

 

Una mujer mirando al cielo puede

forzar al ángel ruin a la renuncia,

hacer que un imposible niño crezca,

pactar con una nube solidaria,

abrir puertas que andaban oxidadas.

 

Para eso es necesario, imprescindible,

dar paso a la ternura y devolverle

a cada cual lo que al venir al mundo

corresponde llevar en la mochila:

a la risa el sentido de la risa,

al llanto lo que debe ser el llanto,

al abrazo su eterna geometría,

al corazón la sangre que no tiene.

 

Dadas las condiciones necesarias

una mujer mirando al cielo puede.

 

                                                         Pepe Junco

CHRISTMAS CARD

 

Como quiera que el año se desangra

y la nieve por fin lo abarca todo

paso páginas grises y me animo,

no sin dificultad, a ser más bueno

el año que a hurtadillas se aproxima.

 

Quiero dejar atrás y para siempre

esta cara mortuoria que me encuentro

cada mañana en un espejo roto.

Quitarle trascendencia y dramatismo

poniéndole en los ojos un anuncio:

este de aquí se muda a la alegría.

 

Dejar que los pesares se suiciden

en la niebla más densa del olvido

y ponga el sol ribetes de sonrisa

a esta boca que nunca se termina,

a este murmullo de palomas rotas,

a esta desalación que el gesto lleva.

 

Partir así de nuevo a la ternura

sin otra tentación que ser dichoso

perdido en el perfume de las flores,

durmiéndome en tus pechos entregados,

dándole marcha al cuerpo dibujando

figuras imposibles en el viento.

 

Vivir con lo preciso y esmerarme

en conseguir pese a la edad que tengo

una renovación de carne y huesos,

una oxigenación de los rincones

atorados que llevo en las arterias,

la redención final, definitiva

de penas y pecados cometidos.

 

Con esa voluntad salgo a la calle,

no felicito más porque no puedo,

renuevo mi vestuario y mi sonrisa,

marco un ritmo de joven liberado

y entono una canción de despedida.

 

Pero después, apenas un instante,

me llegan, sabe Dios de qué lugares,

tanto dolor y tanta pesadumbre

que cambio posición y ensimismado

vuelvo a rumiar mis viejas maldiciones

como si el año no acabara nunca.

 

                                                            Pepe Junco

Alegría, alegría, alegría…

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Jugando con un trompo y un soldadito de plomo de 2 cm. de alto

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Que me lleven

 

Que me lleven a tierra caliente,

allí donde el sol pose sus alas

-en la mañana-, sobre mi polvo herido.

 

Que revolotee antes de cubrirme

con la cálida luz del naciente

hasta hacerme danzar en la llamarada

 

de la vida -galope en el pecho-.

Que me lleven, sí, lejos del frío,

lejos de la niebla y la opacidad,

 

para escuchar el primer rumor,

el canto telúrico, ancestral,

que olvidado pervive en la primigenia

 

piel que emergió con la marea de un vientre

de mujer, que engendró cuanto he sido.

 

                                                             Ana Déniz

 

 

 

Preparativos para la fiesta de la Virgen de los Reyes (El Hierro)

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Una mujer bajo lluvia

 

Quieta en la acera, sola y con paraguas, 
una mujer aguarda.                  
La atmósfera invernal.             
La lluvia tamizada,                        
hace estremecer la densa mañana,      
en su desmaquillada                   
piel, lienzo virginal                       
para un novel pintor.                    
Un impulso, como un salto de agua,   
moviliza sus pasos.                                    
Soterrados los ojos,                                      
ocultan la mirada.                                     
La mujer con paraguas, sin destino,    
perdida en la espiral de un vago sueño,       
siente vibrar su cuerpo,                            
llama bajo un diluvio.                                 

                                                 Ana Déniz

Hortensia (detalle)

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Este poema formó parte de un momento de debilidad (no preocuparse)

 

Permíteme aunque te incomode  

llenar de lágrimas tu hombro.     

Déjame ocultar el semblante       

que hoy viste su luz más triste.   

 

No viene cargado de polvo,

llega inmaculado a buscarme,

ave de luz en el ocaso:

tiempo que no va, sino viene.

 

 

Cuando la duda se desvele

cuando la certeza se curta

mientras crece la oscura luna

bajo mis ojos, que ya ahogados

 

 

buscan la esperanza en el sueño,

y en el mar persiguen la barca

que no logro alcanzar a nado.

 

 

                                                Ana Déniz

Este es un poema que llevaba tiempo olvidado.

 

Querías borrarme del paisaje,
desdibujarme de la memoria.
Ya ves,
al final son versos
que al caer como rocío
en los pétalos cálidos,
los que hablan por mí.
Ya ves,
a ti el ansia, ciega y dispersa,
a mí la quietud, cobija y encuentra.

                                                                                         Ana Déniz

La naranja se pudre

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EN LA LEJANÍA

En la lejanía

Se vislumbran  sueños de esperanza

Donde el ser vuele y vuele

En libertad.

 

 

 

Cuentan que más allá de estas tierras donde el sol quiebra a las piedras que gritan existía una duna donde todos los sueños se cobijaban. Allí, en aquel lugar iban a parar todos aquellos que querían borrar de sus mentes el sufrimiento, el castigo de nacer niño en unos países rodeados de buitres. Dicha luna estaba vigilada por un cuervo y rodeada cuando la luna nacía por una charca de peces de multicolor. Cada pez había sido un chaval cargando un fardo de ramas, cada pez había sido un pibe apuntando un fusil y así sucesivamente. De todas partes del mundo había peces, almas que  habían huido con su vida por los andrajosos caminos de este mundo guiados por la plateada hasta llegar a la duna. Todos los corazones dañados con sus pies desnudos subían a la duna y desde ahí divisaban el mundo que había quedado en su inocencia muerta. Entonces se despojaban de sus fardos, de sus fusiles, de sus piedras preciosas, de su azada, etc… y se lanzaban a la charca para nacer de nuevo sin esos cuchillos de sangre tras sus espaldas con el hechizo de ser una nueva alma en las sendas de la libertad, de la paz, la esperanza, el respecto.

 

                                                                                                                               Dunia Sánchez

                                          

Bentayga (Gran Canaria)

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DEJÉMOSLA VIVIR

 

Dejémosla vivir en la callada luna,   
con sus ciclos y brillos con las sombras a cuesta,
con el alba dormida con los copos de fuego.

Que recorra senderos soñolientos destinos,
que perciba el temblor de la mano del tiempo,
que cristalizar puedan los nocturnos silencios.

Si al beso despereza repicando en su pecho,
florecida la voz en el aire sorprenda,
que de penas y lutos despoblado esté el vientre.

Palabra tras palabra retoñe el universo,
enjambre de misterios en el cuenco del verso.
Que las frases desvistan el sudor y la fiebre,
que el dolor se detenga que la vida no ceda.

                                                                                      Ana Déniz

Veroles

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Sobrevolar la ciudad

Sobrevolar la ciudad   

ver desde lo alto, la cascada de buganvilla 

fucsia extenderse sobre la grama verde

y húmeda, que huele a todas las hierbas jóvenes.

Volar en la libélula metálica que diviso a lo lejos

para que me transporte más allá del latido.

Mirar desde la altura el corazón del dolor

de esta urbe en donde se suma uno con dos y más…

donde el canto de sirena es oportunidad

es puerto al que ansiar llegar sin desear

permanecer. Se pavonean las plumas verdes

de los flamboyanes que expresionan la mirada

que se abandona cuando llega al azul del mar

uniéndose a las olas que rompen níveas,

que vienen y vuelven al encuentro de la orilla.

Me aproximo al helipuerto, alguien me alerta:

¡Stop! -paso prohibido- ¿pensará qué voy

a abandonar la crisálida y alzaré el vuelo?

A pesar de la sorpresa sonrío, sonrío…

mientras aletea por la mente este poema.

 

 

                                                                                                                                    Ana Déniz

Se deslizaba la humedad

 

Se deslizaba la humedad por el campo,  
el sol de la tarde incendió la pared,
vi bosquejarse en el reverso de la retina
el atardecer que no consiguió alegrar las pupilas,
al quedar oculto el astro en el fondo del callejón.
Como un sueño inyectado en sangre lo sentí
recorrer las venas frías y azules de la vida
que fluye, y en su inercia se abandona y avanza,
mientras una pareja besan sus primaverales
labios que se impregnan de aroma jazminero
que desprende el embaucador jazmín,
conocedor del alcance del fluir de sus esencias,
mientras la brisa en su solitario juego
va depositando gotas del caído relente en su flor.

                                                                                                      Ana Déniz

Tumba de César Vallejo

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POR QUÉ PARÍS (A CÉSAR VALLEJO)

 

 ¿Por qué elegir París para morirte?

¿Es que acaso París tiene licencia

Para enterrarte, César, y omitirte

Con tus dolores, con tus disidencias?

 

César, regresa: prueba a redimirte

Más allá de tus versos y dolencias:

Que no vuelva París a desoírte

Con su testimonial benevolencia.

 

No sé nada de ti, salvo tu ausencia;

Nada sé de tu canto,  tu alegría,

Si es que gozó tu vida esa insolencia;

 

Si existe Dios, apela a su ironía:

Vuelve, César, y dame tu anuencia

Para desenterrar la poesía.

 

                                                                                Pablo Cabrera

Roque Nublo (Gran Canaria) - Atardecer

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HAY EN TU PIEL…

 

Hay en tu piel un continente dibujado:
con sus ríos, lagunas, cuencas,
con los campos arados, el trigo maduro, níveo.
El tiempo que se erosiona
en las cimas -trovador en los abismos-
narra fósiles historias,
épicos poemas salpicados de ternura.
No logro adentrarme
en el mar de tus palabras,
que viven silenciadas junto a  varados
versos, que quedaron
esperando la aurora, en la orilla de la boca.

                                                                                                       Ana Déniz

Clavijas

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La última ola de la tarde

La última ola de la tarde arrastró                  
el verano a la profundidad del océano.             
Hoy el día es del otoño y la lluvia.                    
No soy caperucita
ni el lobo me asaltará en el camino          
en esta tarde tormentosa,                    
a pesar de mi chubasquero rojo.              
El dedo índice hace de parabrisas
en el cristal, abriendo hueco en el vaho:  
sobrecoge esta repentina  visión.
Descubro que atardeció en el mediodía
que pasa desconsolado.
El paisaje es una cortina de gotas
que contiene los brillos y mixturas
de venideros verdes.
El agua va arrastrando los vestigios
que aún quedan del estío y su calor.
Un escalofrío serpentea veloz
por mis vértebras, que niegan la estación.
               

                                                                                                  Ana Déniz

INCERTIDUMBRE

                            I

En la atmósfera la incertidumbre
haciendo estragos como una plaga
que arrasa certezas y rutinas.

                       II

La incertidumbre es un espejismo                      
de sombras, luces; asombros, llantos,                 
camino de movediza arena.                                   

                      III

Asoma por el resquicio de la vida
la incertidumbre, sin soplo ni tropiezo,
a deconstruir castillos enraizados.

                                                                          Ana Déniz

Teatro de Mérida.

meridateatro1Como te dije Alicia, pensaba en ti cuando tomaba esta y otras fotos  del Teatro de Mérida. Sinceramente emocionada.

LAS AMAPOLAS DE LUTO

Las amapolas de luto con crespón negro.           
Rodando en el aire de la tarde el silencio.             
El azabache bajando por la ladera.                     
La palidez de los sueños, vencidos. 
        
Bajó el sol el luminoso telón del día,         
puso fin a tanta farsa representada.                
Nos dejó con el rostro apagado, sin luz
para que podamos desencajar las lágrimas, 
relajar el gesto, ser el propio dolor,
sin que nadie con intención  malinterprete,
la herida que ocultamos bajo la sonrisa.

                                                                                                               Ana Déniz

Minas de Río Tinto (Huelva)

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RÍO TINTO (Huelva)

 

Es tinto su color. No es vino ni sangre:

es río es hierro es rojo,

es agua que corre hacia el mar.

Su naciente: veta de minerales,

polvo encendido, ocres, verdes…

En el atardecer adormilado de una charca

se funden los bancales

cincelados con sudor.

El abandono te ha hecho hermoso,

paisaje por donde el río fluye

y descansa del sueño

y la ambición del hombre.

 

                                          Ana Déniz

EXTREMADURA

 

 

Al tren también se le hacen cansinas tus lomas: 

tierra de extrema belleza,                

en donde la soledad se pasea entre encinas 

conversando con voces pasadas,

tiempo de pueblos que dejaron sus huellas

perdurables, sepultadas bajo el lodo.

Tu cielo lo custodia un ave rapaz 

que vigila los pasos en tierra firme,  

mientras el invierno espera la vida en los nidos

que permanecen en  torres y espadañas.     

Es septiembre: el sol y su calor seco

nublan por instantes el entendimiento.

El río de agua esmeralda tan sólo refresca

nuestras miradas cautivas, sí, cautivas

del manto de oro viejo y verde que cubre  

tu campo: tan quieto y vivo.

 

 

                                        Ana Déniz

 

 

Foto recién tomada en el Museo de Juan Ramón Jiménez (Moguer)

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CAMBIOS EN LA FUNCIÓN DE LOS OBJETOS

 

De aquella herida me nació una espada

que a veces utilizo para hacerme

vendajes en los ojos y señales.

La espada es roma, de papel, magnífica.

Hay días que me la llevo atada a un hilo

y voy por la avenida tan contento

mirando al mar con ojos esmerados.

Me protege del viento y mantenemos

cordiales relaciones.

Estoy dándoles vueltas al asunto:

a lo mejor me compro un piso y luego

le pido que enlacemos nuestra suerte,

compartamos miserias e ilusiones,

tengamos hijos de papel y romos,

de esos que ven pasar nubes y lloran.

 

                                                                                Pepe Junco

CAMINA AL VIENTO

 

Camina al viento, al viento

Con el trasluz de unos poemas

Que los besos se lo llevan

Por un arroyuelo concienciado

Del sabor de unos labios de hogueras

Cuyos latidos se propagan y expanden

Por la vía láctea como refugio de las estrellas.

El sonido del océano la invita

Aproximarse a las gaviotas que en el crepúsculo

Juguetean en la arena virgen

Y le hablan, le hablan

¿Cómo estas mujer del viento?

Cimbra en ti tierras lejanas donde

La danza y el bello canto es refugio tibio

De tus sentimientos.

Mis sentimientos, se galopan a ras de un firmamento

Que enmudece, que se humedece, que jadea

En el instante eterno de un amor.

Un amor desvaído, desfallecido, languidecido

En el transcurso de una tormenta de  ortigas

Que cae y cae en el vaivén que mi cuerpo

Se desnuda del mortífero columpio de las emociones.

Camina al viento, al viento

Con la desconcertante visita de la luna rota

Que con su pulso infecundo erupciona tulipanes negros

Con su mascara de vieja espera  en círculos de hielo.

El sonido del océano la invita

Aproximarse a las gaviotas que en el crepúsculo

Juguetean con la arena virgen

Y le hablan, le hablan

¿Cómo estás mujer del viento?

Refulgida cometa de verano

Que se incrusta en acantilados de papel

La pena despacito revienta en flores marchitas

Y los propósitos de tu mañana

Se envuelven en tela de arañas

Que hará curar tus heridas.

La pena vuela y vuela en el roce

Con las rocas agrietadas de donde un magma negruzco

Recorre mis venas, mis venas abiertas

Aborreciendo toda lágrima de ese amor del ayer.

Ahora soy como vosotras: libre, blanca y gris

Como la espuma que renace después

De la duda, ¡la duda¡

 

                                                     Dunia Sánchez Padrón

Poema de Ana Déniz dedicado a Pedro Lezcano


Gerbera caída

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Dicen…

 

Dicen:¡Sé esto!, ¡sé aquello!
trepa, vuela, sujétate al viento,
cruza precipicios sin alambre,
sé funambulista sin miedo,
salta, entrégate al vacío.
Yo, me quedo plantada
donde siempre, en mi sitio,
alimentándome del aire
al que abrazo con mis ramas,
hundiéndome en la tierra
succionando con las raíces
la sustancia de la vida y el verso,
tomando el sol de cada día
y la lluvia de las estaciones.
Aquí estoy, en este lugar
en el que a pocos les gusta verme.
Vivo,  respiro y a ratos muero
y revivo gracias a los demás, es así,
lo reconozco, por eso procuro
dejar caer mis hojas y frutos en ofrenda,
en reconocimiento a la fuerza tomada,
antes de que los dioses del Olimpo Vital,
enojados me condenen a sufrir junto a Sísifo.

                                                                           Ana Déniz

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